Esos días, en que nadie te coge el teléfono, y las paredes se te echan encima, yo sé que siempre hay salida, pero saber que todo irá mejor, no quita que me sienta echa una porquería, pasan lo años, los proyectos, los sueños, recuerdas como querías ser cuando eras pequeño, crecer es darse cuenta que la vida no es como quisieras que fuera, todo es mucho más complejo, responsabilidades, luchas, deberes, sonreír cuando no te apetece, mentir para no hacer daño a la gente que quieres, fingir cuando perfectamente sabes que te mienten,, porque termine haciendo lo que todos hacen, se supone que siempre me sentí diferente, he sido una cobarde disfrazada de valiente, siempre pendiente del que dirá la gente, escondo mis miedos para parecer fuerte, pero no es así, no soy fuerte, realmente cualquier soplo me derrumba. Y es que hoy, vuelve a ser uno de esos días, es costumbre. Es extraño cuando te das cuenta que ayer pensabas que te ibas a comer el mundo y sin embargo hoy lo tienes encima de tus hombros. Y sabes que es peor, darte cuenta que no tiene explicación ni motivo para explicar ese vacío que hoy llevas dentro de tu pecho. Y son en esos momentos cuando te das cuenta, reflexionas que los errores no se niegan se asumen, las tristezas no se lloran se superan y el amor no se grita sino que se demuestra, te das cuenta de que esos son los únicos valores de la vida, porque puede que el ser humano se adapte a todo. Supere el dolor, cierre historias, empiece de nuevo, olvide, hasta consigue sofocar las más grandes pasiones. Pero a veces basta con nada para comprender que esa puerta nunca se cerró con llave.

No hay comentarios:
Publicar un comentario